Se trataba de una clase de REALIDAD NACIONAL para secciones compuestas por estudiantes de medicina, ingeniería y marketing; el objetivo de la dinámica era consolidar lo trabajado en las sesiones anteriores en relación a aquellas manifestaciones históricas de la cultura peruana. Vale decir, debíamos buscar responder la pregunta ¿qué es ser peruano? a través de la evidencia de nuestra cultura. Luego de dos sesiones previas en las que hicimos un recorrido por la historia pre hispánica y virreinal, como insumos de peruanidad, los chicos, organizados por grupos, debían diseñar y elaborar, con materiales sencillos, la maqueta de un monumento que, por encargo de un supuesto alcalde peruanista, debía ser colocado en al parque principal de la ciudad. Para la elección del monumento se planteaba un concurso de maquetas en el que primarían tres criterios de calificación: tamaño, solidez estructural y originalidad de la propuesta, la misma que debía evidenciar de manera creativa valores de nuestra cultura. Al margen que el trabajo manual en sí era ya muy motivador, el tiempo sí representaba un problema, dado que debían elaborar el trabajo en la misma sesión de clase (dos horas) dejando al final un tiempo para la sustentación (presentación plenaria de cada trabajo).
Observando lo sucedido se me revelaron claramente aspectos interesantes. Dentro de lo positivo, algo predecible: mucho entusiasmo y voluntad de cumplir. Ciertamente los motivaba hacer su mayor esfuerzo por presentar algo bien hecho y también, obviamente, los motivaba salir del esquema común de la clase expositiva o el trabajo de grupo convencional. Pero dentro de las debilidades me llamaron la atención cuatro observaciones.
Primero.- La dinámica les exigía, como requisito previo, la elaboración de un plano en el que se plasme el diseño estructural de la obra. Resultó una exigencia demasiado difícil. La mayoría, por no decir todos, trajeron dibujos (algunos muy bonitos hay que reconocerlo) que denotaban una idea básicamente artística, mas no una estructura, una promesa de construcción, que considerara la necesidad de estabilidad, por ejemplo. Los chicos no han sido habituados a elaborar planos útiles. Pedirles entonces que usen criterios de medición convencionales y acaso conceptos instrumentales como la escala, era demasiado. Debo admitir que esa constatación felizmente nos llevó a reflexionar sobre las formas piramidales de los templos pre incas; a la necesidad de ganar altura (dedujeron que era para poder comunicarse mejor con los dioses) y acaso también, que la forma piramidal garantizaba la solidez suficiente para resistir los movimientos sísmicos naturalmente frecuentes en nuestra región.
Segundo.- Pero lo anterior, no solo me reveló, dificultad para elaborar un plano, sino que también evidenció que los chicos no están habituados a seguir un plan; a establecer pasos o etapas sobre el papel y “visualizar” aquello que quieren lograr plasmándolo en un diseño factible. De hecho, la mayoría de grupos, ante la dificultad de elaborar lo prometido se vieron en la necesidad de modificar ipso facto el plano para adecuarlo a la realidad (lo ideal, era hacerlo al revés).
Tercero.- los chicos, en su gran mayoría, y a despecho de provenir de colegios de distinto nivel socioeconómico, revelan una gran incompetencia para la construcción y/o fabricación de objetos materiales. La torpeza en el uso de sus manos contrasta con la habilidad para digitar sus sofisticados aparatos de comunicación (blackberrys, i touch, Ipod, tablets, notebooks y demás). La agilidad y rapidez con la que mueven sus dedos al manipular estos instrumentos tecnológicos, se vuelve lentitud, descoordinación y poca prolijidad para el trabajo manual. Y quizá esto se explique por una formación básica que ha privilegiado la imagen y el recurso digital por sobre cualquier desarrollo de destreza física (la crisis extendida en el trazo caligráfico es más que evidente). Esta constatación me lleva a especular que pedirles martillar un clavo o hacer una conexión eléctrica sería un desatino, por decir lo menos.
Cuarto.- Observé dificultad para la división del trabajo, es decir, problemas para organizarse solos. Pero lo más preocupante, desde mi punto de vista, fue que quienes finalmente lograron establecer una forma de trabajo colectivo terminaron actuando en compartimentos estancos, vale decir, concentrados en su quehacer individual, muy pocos reconocieron sinergias posibles ni las ventajas que tenía pensar ¿cómo puedo colaborar con la necesidad del otro?. Nuevamente, esta otra dificultad permitió también reflexionar sobre cómo nuestros antepasados pudieron construir grandes obras y aprovechar los recursos naturales de manera eficiente habiendo incorporado valores vitales de coexistencia tales como la RECIPROCIDAD (la minka, la mita, el ayni, entre otras formas de labor comunitaria), el MUTUALISMO, el TRUEQUE, etc. Es decir, la crisis, se convirtió en una oportunidad para aprender.
CONCLUSIÓN.- Creo que la experiencia fue positiva en varios aspectos, toda vez que no solamente sirvió para disparar un reflexión profunda e inacabada sobre nuestra identidad cultural, sino porque también nos permitió abordar aspectos de nuestra Realidad actual que explican rasgos de nuestra idiosincrasia que debemos saber administrar.
Asimismo, permitió identificar debilidades que deben ser trabajadas perentoriamente. Y esta urgencia tiene que ver justamente con las características del escenario social donde estos jóvenes actuarán profesionalmente. En ese sentido, una constatación salta a la vista: Sea cual sea la carrera de ciencias o humanidades que desarrollen, es claro que deben ser formados en capacidad de GESTIÓN. Constatación que, por cierto, no solo es revelada en este trabajo.
Si algo se evidencia hoy de manera dramática en la REALIDAD NACIONAL es que el ESTADO, concretamente los gobiernos regionales por ejemplo, administran pésimamente sus recursos. El caso grave de la Región Puno (donde los niños se mueren de frío por no tener frazadas mientras quienes administran las arcas regionales no saben en qué invertir) no es el único. Echarate, en Cuzco, el distrito más rico del Perú, gracias al dinero que recibe por el canon que le otorga Camisea, es representativo: no hay infraestructura vial, sanitaria o educativa suficiente, y sin embargo, el municipio ha construido la piscina pública más grande de la región!!!. Luego, no solamente falta conocimiento de gestión sino, CRITERIO para determinar prioridades.
Pero si nuestros jóvenes decidieran que su futuro está en el sector privado, y en la perspectiva que, al terminar su carrera, antes de “buscar chamba”, sean capaces de “crear chamba”, es claro que formarse eficientemente como EMPRENDEDORES con gran competencia para la GESTIÓN , no solamente les resultará en mayor rentabilidad final, sino que les dará un valor agregado fundamental para lograr cualquier objetivo personal, al entender el verdadero valor del CAPITAL HUMANO y la ventaja que otorga saber trabajar en EQUIPO (que no es lo mismo que trabajar en grupo); aprendizajes vitales que les permitirán a su vez plantearse y encarar retos nuevos, sostenibles, solidarios, compartidos, en suma objetivos esencialmente humanos, de esos que solo persiguen las mejores personas.
Salvo mejor opinión
Fito Lujan