viernes, 16 de noviembre de 2012

MEJOR NO TRABAJAR EN EQUIPO

 
“¡Uno para todos y todos para uno!!”
D´Artagnian, el mosquetero

A cada rato escuchamos decir que hay que trabajar en equipo; que debemos aprender a hacerlo; que trabajando en equipo se logran mejores resultados; que “lo más importante es el equipo”, etc. Sin embargo, observamos todo el tiempo que la realidad contradice tal premisa. De hecho, recurrentemente nos encontramos con jóvenes estudiantes que solicitan hacer solos alguna tarea académica encargada (profe, por favor, ¿puedo hacer el trabajo yo solo???... es que profeee!!! Me es difícil reunirme con el grupo, déjeme hacerlo sola por favor ¿síiii?). Consecuentemente, cuando revisamos los trabajos grupales y los comparamos con los desarrollados individualmente por sus integrantes, salta la diferencia notable en la calidad del producto: Tanto en la forma como en el fondo, los trabajos individuales son muy superiores a los del “equipo”. ¿Por qué sucede esto?, ¿no es acaso que varias cabezas piensan mejor que una?, ¿no es que el equipo supone una sumatoria de talentos y por cierto, una solución para las debilidades individuales?.
El mito del trabajo en equipo, en la mayoría de casos, se sostiene sobre emociones más que razones. “Los buenos hacen equipo, los malos prefieren el invidualismo” nos dicen. Falacia totalitaria que tiene el aroma del fascismo. Es claro que conceder categorías morales a una estrategia nos lleva a confusión. De hecho puede haber “malos” equipos integrados por individuos “buenos”. No es pues un tema de bondad o maldad, sino más bien, un asunto de eficiencia operativa.
En teoría, el equipo es una sumatoria, pero ésta no es automática. Sucede que con el auge de las redes, cae de maduro que la promoción de esta forma de trabajar tenga relevancia, sin embargo, son pocos los que se dan cuenta que se trata de una estrategia que involucra autoconocimiento como requisito primario y luego, técnicas y tácticas concretas, mas no únicamente valores actitudinales. Estos últimos, por cierto son esenciales claro está, pero de ninguna manera suficientes para que el trabajo en equipo logre objetivos específicos de alto rendimiento colectivo.
SINERGIA es la palabra clave para configurar el equipo, pero incluso este concepto, tampoco es automático.  Luego, de superar el autoconocimiento, el grupo que pretende convertirse en equipo debe establecer objetivos, metas y criterios de trabajo (normas internas) que deben ser el resultado de una negociación diáfana, sin pretensiones subalternas. Luego, visualizando el producto final, el grupo que quiere constituirse en equipo debe desarrollar el plan de acción consecuente que establezca plazos fijos vinculados a metas realistas para poder autoevaluar el avance y poder así establecer las responsabilidades individuales específicas. Solo entonces, se vislumbrará un borrador del equipo incipiente.
Ahora, para consolidarse, a lo largo del tiempo convenido, tiene que haber cortes, momentos en los que el equipo evalúa el “mientras tanto”, y va corrigiendo o modificando lo que sea necesario. En ese proceso de configuración, el grupo debe encarar aspectos concomitantes que, sin embargo, no son naturales en todos los seres humanos, y que solo se pueden administrar si reprimimos nuestros instintos primarios.
Así tenemos que el grupo, para convertirse en un equipo, debe antes reconocer…
1.- Liderazgo funcional.-
Que eventualmente se opone al liderazgo natural, toda vez que este, puede ser perjudicial si hay personalidades vulnerables, que son proclives a influencias fuertes. Ya el psicoanalista inglés Donald Winnicot en un artículo brillante aborda este tema al referirse a la simbiosis entre un ser que influye y uno que quiere ser influido. El hecho es que si hay un líder natural en el grupo, éste debe, inteligentemente, subordinarse a aquel que, para el objetivo planteado, sí reúne las competencias más convenientes, a efecto que las decisiones y las acciones consecuentes respondan a una racionalidad y no a una personalidad. Ya lograrlo es todo un reto.
2.- Complementariedad y Diversificación.-
Si todos hacen todo o“cada quien hace lo suyo y después lo juntamos” el grupo solo alcanzará resultados precarios.  Se trata de un principio básico de industrialización.  Cada quien debe hacer la parte del proceso que mejor sabe hacer, de tal suerte que se constituye una línea de producción. Esa disposición de labores es el resultado de una evaluación, a priori, de las competencias de cada integrante, por lo que debe, también ser consensuada. Incluso puede suceder que un integrante tenga las competencias, pero no la disponibilidad (vive lejos, está enfermo, está más interesado en otra cosa, etc.), luego NO es competente para la función específica y habrá que encargarle otra cosa.
3.-Compensación y Equidad.-
Los equipos de trabajo están constituidos por seres humanos lo que implica la latencia de cambios imprevistos.  Somos pasionales y por más integrado que parezca el engranaje, puede tener altibajos en varios momentos. Solo un equipo atento a la dinámica interna puede, dado el caso, suplir las eventuales carencias o debilidades que se presentan en pleno proceso. Así, la carga del trabajo no solo se reparte equitativamente, sino que además, revela la fortaleza psicológica que genera sentir el respaldo del compañero atento.
El funcionamiento del equipo de voleibol es ejemplar en relación a la compensación. Al margen de que cada jugadora tiene una función específica (que además está regulada por la rotación reglamentaria), al momento de la verdad todas “juegan sin pelota” y deben estar atentas a cubrir la defensa si es que, para el ataque franco, el mate elaborado es bloqueado eficientemente por el contrario, haciendo del rebote un peligro latente.
4.-Coordinación y Comunicación.-
Toda comunicación solo se concreta con el retorno, el feed back. Solo garantizando que el mensaje llegó tal y como queríamos, sin ruidos, sin lugar a malentendidos, es que podemos esperar respuestas útiles.  ¿Cómo lograrlo?, quizá logrando internalizar un “código intencionado”.  El grupo que logra configurar un código de comunicación propio, incluso no verbal, que permite que la coordinación se facilite, es el que ya constituye equipo.  Tal código supone un reconocimiento de signos y señales verbales y no verbales que no solamente revelan un mensaje sino, una intencionalidad.  Así, cada integrante del equipo puede anticipar la movida de su compañero y ganar tiempo para que su propia movida sea más eficaz.  Es como jugar al ajedrez, no de manera individual, sino por equipos y con reloj. Si para realizar la movida los integrantes se enfrascan en una discusión bizantina se consume el tiempo de la jugada y la ventaja la tiene el rival, no por ningún error, sino simplemente porque la coordinación se hace lenta debido a una negociación insoslayable.  Pero si cada integrante tiene asimilada la intencionalidad colectiva, surge la confianza de que aquella medida tomada por el compañero más preparado será la más conveniente para todos. Y para ello no basta con decodificar el significado de las acciones sino asumir como propias las intenciones que están detrás de los gestos. Todo lo demás será el resultado de la red.
El Perú destaca siempre en deportes individuales. Surf, box, ajedrez, botes optimist (por nombrar aquellos que alcanzaron campeonatos mundiales).  Entre los deportes por equipos solo el voleibol, alguna vez, nos deparó satisfacciones de alta competencia; en los otros deportes colectivos nuestra presencia es pobre (el mito del fútbol en todo caso, merece otro artículo).  Una hipótesis que explica esta constante radica en la poca, por no decir, nula educación para el equipo que recibimos en las escuelas. Desde la primera infancia, no nos educan para ver en la competencia una oportunidad de aprender, sino, una forma de ganar.  Por tanto, el rival es el enemigo.  Por otro lado, el compañero es también eventualmente un contrincante que nos quitará lo que deseamos, o sea el enemigo en potencia y, en consecuencia, hay que cuidarnos de él.
Si a todo esto le agregamos la cultura del premio y el castigo instalada desde la escuela inicial, en la que por hacer algo nos pegan una estrellita en la frente, no debe extrañarnos que en toda la educación básica no se haga otra cosa que privilegiar una formación de individuos cuya íntima finalidad sea TENER, POSEER y muy, pero muy atrás, SER.  Olvidamos así el que únicamente SOMOS algo en la medida de que somos PARTE DE.  Identidad y pertenencia son la condición para la constitución de nuestro SER SOCIAL, el mismo que alcanza felicidad plena cuando la comparte.
En consecuencia, al ponerle la estrellita en la frente al niño ganador (el que siempre gana además) nos olvidamos de todos aquellos que no la reciben en una, dos, cien, oportunidades, año tras año. ¿Por qué entonces habría que tener confianza en el otro?, ¿para qué buscar hacer algo con ese sujeto si finalmente me quitará MÍ estrellita?. Posteriormente pasará lo mismo con el 20 o la “A”, y el diploma y la medalla, etc.
Solo revirtiendo ese trauma, podemos constituir equipo de verdad. He ahí el reto educativo de la universidad peruana actual.
El equipo seleccionado de voleibol de Perú que ganó la medalla de plata en las Olimpiadas de Seúl, estuvo constituido por 12 jugadoras (¿es que realmente ganamos 12 medallas o fue una que valía por las 12?), quizá todavía durante muchos años más esa epopeya deportiva siga siendo el paradigma de lo que los peruanos podemos lograr si realmente valoramos trabajar en equipo.
Fito Luján

sábado, 3 de noviembre de 2012

MURIÓ MI PERRO, LA CULPA ES DE USTEDES


Yo asumo la responsabilidad pero la culpa es de otro

 
"Una sociedad se juzga por la forma como trata a sus animales"
Mahatma Gandhi

 
La semana pasada me vi obligado a llevar a mi perro para que lo sacrifiquen. Buzz (en homenaje al entrañable personaje de Toy Story) era su nombre. Era chusco, producto de un cruce entre pastor alemán y colie, pero parecía un lobo peludo y grande. De personalidad difícil era, de joven, muy inquieto, bravo podríamos decir (aunque algunos conocedores dicen que su bravura más bien revelaba más miedos que furias). Ya con 11 años a cuestas le sobrevino una enfermedad muy resistente, una infección al oído que desde hace meses se volvió recurrente y que por más cirugías y tratamientos que llevó, no se superó. Últimamente sufría mucho y sus heridas no cerraban. En tales condiciones, los médicos me recomendaron dormirlo para que descansara en paz.

 
De adolescente tuve un perro similar, Zeppelin (cuyo nombre responde a mi homenaje para con los míticos músicos británicos de aquella banda legendaria), y con él también, por problemas de salud, se dio la misma situación (enfermó del corazón) y tuve que sacrificarlo. En aquella oportunidad, me dolió tanto que decidí no volver a tener una mascota, pero resulta que al nacer mis hijos y observar el temor que les causaban los animales, un amigo me recomendó que tuvieran un cachorro que creciera con ellos para superar tal rechazo. Y efectivamente, Buzz cumplió su misión. Mis dos hijos superaron la fobia y crecieron enriquecidos con el amor hacia el animalito, sentimiento invalorable que se hizo extensivo hacia la especie y por qué no decirlo, hacia todo ser vivo.

 
Pero con el tiempo, "la vida pasa mientras hacemos otras cosas" como dice John Lennon, y todos somos ganados por los quehaceres y los proyectos, los que a veces, terminan alejándonos de lo importante. Lo cierto es que poco a poco, fui descuidando al amigo, y mis hijos, ganados por sus intereses gregarios, también dejaron de ponerle atención. Ya no había quien juegue con él, quién lo saque a pasear, quien se preocupe por su aseo o su alimentación. Acostumbrados a su bravura (para con los extraños, porque para nosotros todo era cariño), ya ni siquiera llamaban la atención sus ladridos, los que cada vez se hacían más cansinos y débiles.

 
Algunos días antes del desenlace tuve un incidente con mi hijo mayor, quien me reclamaba traerlo de la clínica veterinaria para que lo pueda ver por última vez. Intenté hacerle ver que eso complicaría la situación pero su sentimiento de impotencia cegó su razón y en el afán quizá de exorcizar sus propias culpas me proponía... "ahora sí papá, ahora sí yo le voy a dedicar más tiempo, ahora sí me voy a encargar, yo asumiré la responsabilidad!!!". Tuve que ponerme fuerte y luego de reiterarle las razones, impuse mi decisión. Creo que hice bien, y creo que si ahora está molesto conmigo, con el tiempo, aceptará que fue lo mejor para nuestro Buzz y para todos.

 
Pero esta situación, como es mi hábito, disculparán ustedes, me llevó a reflexionar sobre lo que significa ASUMIR UNA RESPONSABILIDAD.

 
Luego de los luctuosos sucesos acaecidos en el mercado mayorista de La Parada donde lamentablemente murieron cuatro personas, otras muchas quedaron heridas, con más de cien detenidos y con incalculables pérdidas materiales para tantas familias de comerciantes, la percepción generalizada es que las cosas se hicieron mal. Pero en un hecho sin precedentes, desde la semana pasada TODAS LAS AUTORIDADES directamente vinculadas con el hecho han salido a los medios a proclamar... "¡YO ASUMO LA RESPONSABILIDAD!!". La alcaldesa de Lima primero junto con su Director de Seguridad Ciudadana; luego el Ministro del Interior, y hasta el Director General de la Policía, todos se han presentado ante los medios y han proclamado que reconocen su responsabilidad. Pero entonces, nos preguntamos ¿eso qué significa?. Cuando cualquier persona rompe un vidrio y reconoce su culpa, pues está claro que tiene que asumir el costo ¿no es verdad?. Lo rompes, lo pagas, reza el dicho.

 
Desde el punto de vista estrictamente jurídico el concepto culpa difiere del dolo en que este último supone una acción consciente e intencionada para la acción ilícita; mientras que en el caso del delito culposo, queda claro que no ha habido intención de perjuicio, aunque para el caso se evidencia imprudencia y negligencia; impericia en la profesión u oficio; falta de respeto a los reglamentos o normas preventivas. En tal virtud, aunque la sanción que recae sobre el dolo es, obviamente, mayor que la que se deriva de la culpa, en ambos casos corresponde una pena, un costo, que se debe pagar luego de determinarse el grado de responsabilidad.

 
Si por lo demás, el señalado como presunto autor, se declara RESPONSABLE, entonces "a confesión de parte, relevo de pruebas", por economía procesal, dicho autor debe ser sancionado, en el acto, por la sociedad. Si como la investigación fiscal determinará el grado de responsabilidad para la aplicación de las penas, desde el punto de vista POLÍTICO, por una mínima noción de coherencia, estas autoridades tienen que renunciar, alejarse del cargo, no solamente por decoro, sino justamente para no entorpecer el debido proceso.

 
Pero ahora nos encontramos en una coyuntura incierta (vemos que la pita se está rompiendo por el lado más débil) y... ¡se castiga a los policías subalternos! ¿¡!?. ¡Insólito!... ¿habrá que esperar qué dice Nadine????, ¿o es que habrá que esperar la previsible huelga policial???

 
Así, ante tal circunstancia, ya desde nuestra labor de educadores, también habrá que revisar el concepto de RESPONSABILIDAD que tratamos de inculcar a nuestros hijos, a nuestros alumnos, para no caer en nuevas contradicciones que tengan un alto costo ético cuando tengan que asumir responsabilidades de gestión o de cualquier tipo.

 
Pero volviendo a mis responsabilidades, finalmente aquí mis colegas y amigos de la Facultad de Veterinaria de la universidad me ayudaron a resolver la situación con mi mascota y el martes último me despedí de mi querido amigo Buzz, anhelando que su viaje a la eternidad lo lleve a un nuevo mundo, más coherente y justo que el que le pudimos brindar aquí y, eventualmente, junto a Zeppelin, me esperen a que llegue para integrarme a su manada.

 
Buen viaje amigo del alma.



Fito