lunes, 8 de octubre de 2012

INDULTO HUMANITARIO

Sí, pero no
 

Decisiones, cada día, alguien pierde, alguien gana, ¡!Ave María!!!”

Rubén Blades

 
La coyuntura me revela algo que hace algún tiempo es ya una íntima convicción: no existe el punto medio.  De hecho, parafraseando el título de aquella novela de Giardinelli, “Imposible Equilibrio”, lo que me llama la atención es el empecinamiento que tenemos hoy en día por tal abstracción.  Evidenciamos una vocación por el eclecticismo que finalmente termina revelando, más bien, nuestra esperanza de que sea otro, quién defina, quizá para evitar cargar con alguna nueva culpa, alguna responsabilidad que haga más pesada la mochila que llevamos en nuestro viaje existencial. 

 

Hoy se discute a través de los medios de prensa si el ex presidente Alberto Fujimori debe beneficiarse o no, con el indulto humanitario, prerrogativa exclusivamente presidencial (para algunos, último remanente de nuestra tradición monárquica), en virtud del cáncer que padece el ex gobernante.  Ciertamente el personaje, como otros a lo largo de nuestra historia republicana, desata controversias y pasiones, pero en su caso particular, esa polarización confronta también posiciones políticas, al parecer, irreductibles. 

Fujimori tiene la condición de sentenciado porque, luego de un proceso judicial, se estableció su participación como “actor mediato” (autor intelectual) de ejecuciones extrajudiciales, crímenes ejecutados en el marco de la llamada “guerra sucia” contra la subversión de la década de los 80s y 90s.  El terrorismo de Estado, como estrategia de lucha antisubversiva, aquí y en otras partes del mundo ha llevado a varios personajes parecidos a ser condenados por delitos de lesa humanidad, o genocidio, toda vez que se ha valorado la sistematización de tal conducta como política de Estado, en perjuicio de la población en general.  Hay por cierto quienes observan que existe una condición cuantitativa para determinar la calificación de genocidio, esto es, si hablamos de asesinatos masivos, es una cosa, pero si se trata de asesinatos selectivos, es otro tema, y en tal virtud, este último debería, meramente, ser considerado como “homicidio calificado agravado”. 

Esta disquisición semántica no es irrelevante, toda vez que a cada tipificación penal corresponde una pena específica, la misma que debe ser asumida por el debido proceso. Sin embargo, más allá del debate jurídico que acarrea, es claro que para la población lo que prima no es la justicia o la legalidad, sino la simpatía o antipatía que genera el personaje en cuestión.  Y ese es el meollo de asunto.  ¿Cómo establecer el centro que nos permita ser justos sin colisionar con nuestras “empatías”?. 

Cesare Beccaria, allá por el siglo XVIII, ya nos confrontaba con esta realidad vigente cuando en su obra “De los Delitos y las Penas” subrayaba la necesidad de humanizar el acto punitivo, la sanción.  Con lucidez impecable, Beccaria se convirtió, en aquella Europa del Antiguo Régimen, donde la crueldad era la norma, en el adalid de la lucha contra la pena de muerte, la que consideraba que quitaba autoridad moral a quien la aplicaba (si la sociedad da muerte, con alevosía y ventaja, a un criminal por haber cometido asesinato ¿cuál es la diferencia entre éste y la sociedad castigadora?); así se defendía la necesidad que la pena fuera disuasoria y educativa, por lo que la prisión efectiva y extensa era mucho más coherente con el objetivo social.

Ahora bien, algunos sostendrán que la Europa pre revolucionaria del siglo XVIII no es el Perú del siglo XXI, y estamos de acuerdo, pero entonces cabría preguntarnos ¿cuál tendría las peores condiciones penitenciarias?.  Si hay algún lugar aberrante, infernal, donde se desnuda lo peor de la miseria humana, se los garantizo, ese lugar está en las cárceles de nuestro país.   Pero Fujimori no está en Lurigancho, Castro Castro o Sarita Colonia.  Él está en un lugar de reclusión con todas las comodidades.  Es cierto, y es ahí donde se debiera centrar la reflexión.  Si la sanción es la privación de la libertad, ¿La pena debe ser suplicio?.  El poeta lo describe mejor “…las penas crecen con los suplicios”. 

 
Pero como somos representantes de ese eclecticismo imposible seguiremos preguntándonos ¿Es justo que Fujimori, condenado por corrupción y por la muerte de gente inocente, se beneficie del indulto humanitario, cuando aquellos jóvenes secuestrados y torturados sin piedad no tuvieron oportunidad alguna?, ¿es justo que un ex presidente, que fue elegido por nosotros mismos para gobernarnos y solucionar urgentemente nuestros graves problemas nacionales (derrotar a la subversión, acabar con la hiperinflación, salir de la crisis económica, resolver el problema con el Ecuador, hacer viable el país, etc.), sea ahora excluido de un indulto humanitario, a despecho de su enfermedad incurable?

Yo estoy de acuerdo con quienes afirman que la vida es movimiento; que por más que nos esforcemos por encontrar el punto medio, la inmovilidad total y absoluta es imposible y el instante define nuestra vocación por uno u otro lado.  El equilibrio no es otra cosa que el movimiento constante que balancea los pesos; así, ante la duda, algo en lo más profundo de nuestro corazón termina inclinando la balanza y nuestro cerebro debe actuar para seguir manteniendo nuestra vigencia y acaso nuestra razón.  La inmovilidad es la muerte.  El cambio es la vida y por tanto, la equivocación, si tenemos otra oportunidad, nos enseña a vivir.  Por eso, no hay que sentirnos culpables por dudar, si es que tenemos la valentía de enfrentar y asumir los riesgos que supone tomar decisiones y actuar coherentemente… como seguramente le cantaría Rubén Blades a Ollanta Humala… y también a Nadine Heredia … ¡qué duda cabe!. 

 

3 comentarios:

  1. En mi opinión no se le debe dar el indulto humanitario a Alberto Fujimori ya que en primer lugar hay una ley que dice que no se le otorga indulto humanitario a quienes han sido condenados por lesa humanidad y secuestro agravado, entonces siendo este el caso de Alberto Fujimori, no sería correcto darle el indulto requerido. Por otro lado hay muchos presos en los penales que vienen pidiendo por mucho tiempo indulto humanitario y no se les ha concedido siendo casos de gravedad, entonces creo que se deberían revisar los casos de petición de indulto humanitario según antigüedad ya que creo que serían los mas graves e inmediatos para tratar. Por otro según el informe médico Fujimori dice que no tiene cáncer terminal y no hay riesgo de metástasis, entonces no aplicaría el indulto humanitario.
    Paloma Luque Tormo

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  2. Comenzare diciendo que no estoy de acuerdo que se le otorgue el indulto al señor Alberto Fujimori, primero por razones personales, no considero que esa frase “El fin justifica los medios” deba aplicarse como escusa para liberar a este genocida que ha sido condenado justamente por matar gente, y está comprobado porque está sentenciado a 25 años. Sabemos que le dio un giro muy importante en la historia del Perú en el pasado, pero no tenía derecho de cometer excesos, si nos hacemos de la vista gorda con tales hechos entonces donde queda toda esa gente que pide justicia, se que algunos actuamos indiferentemente con la personas que sufrieron las pérdidas de sus seres queridos, porque no son cercanos esos familiares, pero ¿nos tiene que suceder para recién levantar nuestra vos y reclamar justicia? No, de ninguna manera estoy de acuerdo.
    Por otro lado hay ciertos requisitos para otorgar el indulto, uno de ellos es que la enfermedad que padezca sea terminal, pero sin embargo los doctores alta mente calificados señalan que “es de alto riesgo pero no es terminal”, eso es otra cosa que no se debe pasar por alto me refiero las leyes, señores las leyes están para cumplirlas, de otra forma como reclamar justicia, como es que podemos vivir justificando a los demás, eso debe de terminar, que cumpla hasta entonces, hasta que la enfermedad sea terminal, que cumpla su condena…

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  3. En mi opinión yo si creo que se le debe dar el indulto humanitario a Alberto Fujimori por 2 motivos: el primero es para dar un ejemplo de humanidad ya que es una persona enferma con cancer y lo más probable le queden pocos años de vida, segundo porque si no se le da el indulto los seguidores y simpatisantes lo comvertirian en un martir y no es lo ideal tampoco.
    Muy aparte de que ha sido sentenciado por delito de lesa humanidad al darle el indulto por parte del presidente Ollanta Humala reflejaria la calidad humana de dicha persona y como país reflejariamos humanitarismo, además creo que tampoco se deben de olvidar de los muchos casos que hay en los diferentes penales de personas moribundas que piden por favor les den el indulto humanitario para pasar el resto de sus días junto a sus familias.

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