viernes, 10 de febrero de 2012

El libro de texto y el maestro innovador

Murió el Libro de texto, ¡Viva el Libro de texto!
Leo, veo y escucho notas y comentarios sobre el escándalo surgido por los supuestos negociados entre grandes editoriales y algunos colegios para efecto de obligar a las familias a adquirir libros de texto escolares con precios altos, encarecidos por el aumento de la demanda previa al inicio del año escolar.  Los medios en sus distintos programas periodísticos, el Congreso de la República, el Ministerio de Educación, hasta el señor Presidente (y su inefable primera Dama) se pronuncian y coinciden todos en el rechazo unánime a tales prácticas, rasgándose las vestiduras ante los hechos supuestamente consumados, apelando a la equidad y los derechos de los más pobres.

Existen varios planos en los que se da el cuestionamiento.  Hay por un lado, la idea de una mala práctica, con visos de corruptela, al vincular la preferencia de ciertos textos a pagos “por debajo de la mesa” en beneficio de directores que dizque obligan a los padres para que adquieren los libros de la editorial dadivosa.  Hay por cierto, quienes afirman que en ello no hay nada malo, toda vez que las editoras ofrecen beneficios diversos (apoyo logístico, cursos a sus docentes, computadoras, etc.) como parte del “convenio” y que eso es legítimo, en la medida que es parte de la dinámica natural entre la oferta y la demanda.  

Otro plano del cuestionamiento es la calidad de los textos.  La relación valor-precio supone que, más allá de sus valores agregados o supuestos beneficios adicionales, en esencia el libro de texto escolar DEBE SERVIR para mejorar la didáctica y por ende, abonar en favor de una instrucción mejor de los “educandos”.  Si esa relación no guarda coherencia con el resultado buscado, entonces la situación es más grave, pues se trataría de ofrecer gato por liebre y los padres terminan pagando fuertes sumas por un producto precario que no tienen la posibilidad de rechazar.

Pero ni el tema del supuesto negocio turbio o la oferta de productos de dudosa calidad son, a nuestro entender, el eje de la problemática.  Es cada vez más evidente que estamos en la cresta de la ola, el momento del punto de quiebre, como dicen los surfistas.  Los paradigmas educativos de la sociedad industrial ya han sido cuestionados y en la práctica, en todos los aspectos de la vida, la forma de aprender cualquier cosa ha variado sustancialmente.  Estamos todos inmersos en la Sociedad de la Información y la Tecnología, y las escuelas, los institutos, las universidades, todas las entidades educativas, de cualquier localidad o región, están obligadas a adaptar sus estrategias a estos nuevos modelos de interacción e incluso replantear sus propósitos.

Por ejemplo, hoy hablamos de COMPETENCIAS (conocimientos, habilidades y valores), y las estrategias reconocen que el aprendizaje ahora está centrado en el estudiante.  Siendo así ¿ha cambiado también la función de las herramientas de aprendizaje?, ¿el libro sigue cumpliendo su misma función?.   Para los maestros que siguen atrapados en el siglo pasado, el libro de texto sigue siendo la plataforma desde donde despegan y aterrizan los contenidos que el programa curricular obliga.  Es decir, el profesor tradicional tiene una relación de dependencia con el libro.  El docente de nuevo tipo, el que ha logrado asimilar un concepto más coherente con las exigencias de nuestro tiempo, usa el libro como elemento de consulta, acaso como un soporte de aquella información que obtiene de Internet (fuente que ciertamente ofrece riesgos en cuanto a su nivel de veracidad y fiabilidad) o de los medios masivos de comunicación; como herramienta para la potenciación de la lectura y quizá también como base para extraer datos puntuales, útiles para objetivos cognitivos específicos.   Pero este educador de nuevo tipo NO DEPENDE del texto.  Algunos profesores ya inducen a sus pupilos a la génesis del descubrimiento autónomo y los acicatean para que busquen información bibliográfica de distintas fuentes físicas o virtuales, y es más, ya han surgido maestros de vanguardia que tienen el atrevimiento, la audacia de la autogestión, la valentía de lanzarse a la creación, la elaboración del texto propio, con sus propios alumnos, a la luz de sus intereses y descubrimientos que, con inteligencia, se pueden orientar también hacia los mismos temas principales propuestos por el programa oficial. 

Entonces, ¿Dónde debe centrarse la estrategia para superar la problemática del libro? Pues cae de maduro que es en el DOCENTE.   Cada docente debe ser capacitado en la forma como adecuar el uso de los instrumentos o herramientas didácticas desde una perspectiva innovadora que valora y reconoce la multiplicidad de fuentes, reconociendo que finalmente, revertir la dramática situación de nuestros niños y jóvenes en relación a la lecto-escritura y el  razonamiento matemático, no es una labor centrada en el libro de texto sino, más bien, en la actitud innovadora y comprometida del maestro, que puede utilizar todos los instrumentos físicos, virtuales, audio-visuales a su alcance para mejorar su didáctica, la que finalmente, se validará cuando sea evidente que los chicos ya no necesitan del libro, de la computadora ni mucho menos del maestro, para ser ciudadanos plenos, cultos, solidarios, comprometidos con el destino del planeta que habitan, respetan y comparten con otros seres.

Fito Luján

2 comentarios:

  1. Es muy cierto aquello que dicen: “Un País que lee es un País que crece”, sin embargo es importante recalcar que esto debe ir de la mano con comprender lo que se lee, a opinión personal, creo que se deberían trabajar con obras de autores conocidos, la escuela debe tener una biblioteca de donde puedan sacarse estas obras y los alumnos con orientación del Profesor empezar a entender algunos conceptos y ciertos aspectos de la realidad. Creo que resulta tedioso para ellos llenar libros de texto, cuando saliendo del colegio tienen herramientas más tecnológicas que les hará aprender de una manera más abierta y divertida, es mas hasta se podría llevar esa información a la escuela y discutir que tanta verdad tiene.

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