miércoles, 15 de febrero de 2012

La política y la pasión


Prof. Gustavo Luján Z.

Está demás decir que lo que nos coloca en una posición ventajosa frente a cualquier otra especie animal es el desarrollo de la inteligencia, lo que se evidencia en su instrumento más significativo: el lenguaje.  Sin embargo, esta capacidad no es exclusiva de los humanos.  De hecho son muchas las especies que tienen mecanismos de comunicación eficientes que incluso pueden ser catalogados de lenguajes rudimentarios.  Pero entonces ¿cuál es  la cualidad que, siendo exclusiva de nuestra especie, nos permite la supervivencia a pesar de nuestro empecinamiento por la autodestrucción?.  No hay duda tampoco: nuestra capacidad política.

Ya Aristóteles afirmaba con lucidez: El hombre es un animal político por naturaleza, si no lo fuera, no seríamos diferentes a cualquier insecto.  El instinto nos haría matar o morir, sin ninguna consideración. “Me basto solo para ser infeliz”, “ni muchos ni tan pocos”; “es la calidad de nuestra relación con el prójimo, lo que nos humaniza”.  Pero entonces ¿podemos prescindir de la política?.  Es obvio que no.  Lo que sucede es que con la vorágine de los tiempos, hemos terminado por confundir conceptos y prospectos. Hemos confundido “LA” Política con la conducta del político profesional (o peor todavía, con la conducta del advenedizo político coyuntural).  La Política no es mala ni buena, simplemente es una realidad de la condición humana.   La política es el ejercicio de la conveniencia, la misma que, lejos de darle un sentido peyorativo, es aquello que nos permite medir nuestra distancia del prójimo y darle prioridad a nuestros intereses individuales y/o colectivos.  La política se sostiene en la matemática porque el objeto de estudio de esta última no son los números (que son solo abstracciones) sino las magnitudes que reflejan la relación que existe entre las cosas fácticas o formales.  “Una silla, tres mesas, veinte soles, diez mandamientos, nueve vidas, dos divorcios; un número y un concepto, vinculados, relacionados, estableciendo una cantidad susceptible de ser medida.  Y eso nos permite afinar la ubicación: más que, menos qué, igual qué.  La matemática nos ubica en el espacio y en el tiempo.  Y nuestros sentimientos no son la excepción: ella lo ama más a él que a mí; él es más amigo tuyo que cualquiera; tú quieres más a tu hijo que a tu padre, etc.

Ahora bien, es esta condición matemática de la política la que permite el control del instinto, regulando la conveniencia o inconveniencia de acercarnos o alejarnos al otro, a los otros, y por tanto, determinan el nivel de compromiso que tenemos con ideas, objetivos, que trascienden los intereses individuales.  Ahí es donde aparece el compromiso político.  Una propuesta política busca colectivizar una idea que se presume busca el bien común.  La participación política no es, o no debería ser, un altruismo.  Desde mi modesta opinión, el ciudadano que participa honestamente en política está más cerca del egoísmo que de la generosidad.  ¿Por qué afirmamos esto? porque el interés que lo impulsa a luchar por el bien común, se basa en la convicción que es el único medio de lograr su verdadero bienestar personal, el mismo que depende de la PAZ SOCIAL que resulta del bienestar de los demás.

Pero toda esta racionalidad no debe impedirnos reconocer el afán de nuestros tiempos.  La velocidad de los cambios explica la actual hegemonía del pragmatismo, y por tanto, más adaptado es aquel que resuelve las situaciones sin complicarse demasiado con escrúpulos o valores principistas.  Es por cierto un escenario muy peligroso porque entonces todo vale con tal de lograr metas menores.  Estas metas, no son objetivos estratégicos, si no más bien, instrumentales, inmediatistas, lo que determina el debilitamiento de nuestra capacidad política.  Nuestros estudiantes, que deben ser la reserva moral, los rebeldes ante el statu quo, los que no se dejan engañar fácilmente por discursos huecos, lamentablemente, les interesa poco el tema y se suben (si nosotros no actuamos) a la inercia de la masa, votando (los que pueden) por el caudillo de turno, el más simpático, el más mediático.

  Ser peruano (por las características únicas de su gente y su biodiversidad) es una pasión, y creo que los jóvenes, nuestros estudiantes, marcan la diferencia generacional cuando expresan apasionamiento por lo que les interesa. Pienso que ahí está la clave para medir el impacto de  nuestra prédica.  Entonces, considero que más allá de la coyuntura política que nos lleva a pensar por quién votar en las próximas elecciones, esta es otra oportunidad para educar.

 ¿Qué implica ser ciudadano? Es la pregunta madre de la que se deben desprender otras interrogantes que, lejos de teorizar en exceso, permitan analizar los actos que cotidianamente realizamos: “el cuidado de nuestras cosas”; “el cuidado de nuestra salud y la de los demás”;el significado de las delegaturas”; “mi propiedad y nuestra propiedad”; pasando por otros temas algo más conceptuales como “la libertad para opinar o los límites de su ejercicio”, “el significado del referéndum” o “la relación entre las ideas y los liderazgos”, etc.  Si logramos que los chicos reflexionen con PASIÓN, sobre estos temas, creo que habremos enriquecido, no solo sus conocimientos y su cultura ciudadana, sino también sus espíritus.  Hoy, esa es nuestra misión.


1 comentario:

  1. Efectivamente, hemos confundido, si no es que algunos lo seguimos haciendo, el concepto de política, pensamos que hablar de política es hablar del estado, de municipios, de nuestras autoridades, de corrupción, injusticia y todos los temas que relacionamos con POLITICA, pero pienso que este concepto que se ve desde otra percepción y que dice ser “el ejercicio de la conveniencia” y por lo que comprendo de este artículo es que todos nosotros deberíamos tener la convicción y confianza de realizar cosas con pasión que nos van a permitir distinguir entre lo que me favorece y lo que no, poniendo todo nuestro empeño y esforzándonos por ser mejores y lograr muchas cosas utilizando nuestros conocimientos y habilidades. Debería haber un tipo de educacion que nos incentive a luchar por nuestros ideales, con la única finalidad de aportar a nuestra cultura.

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