miércoles, 21 de marzo de 2012

¿NIÑO HÉROE?

¡Tiene 11 años y ya ingresó a San Marcos!!!   ¿debemos alegrarnos por ello?
Por: Prof. Gustavo Luján Zumaeta

Saúl Vásquez Games, de 11 años, alumno del IEP Dewey-Hawking de Chimbote, ocupó el puesto 83 con un puntaje de 656.5, en la carrera de Investigación Operativa (¿!?)…
La noticia difundida hoy nos revela hasta qué punto seguimos estancados en paradigmas formativos caducos y alejados de una Educación real.  Desde nuestro punto de vista, que un niño tan pequeño ingrese a una universidad es triste, pero no es lo más preocupante; lo más grave, a nuestro juicio, es que el medio noticioso, sus padres, la escuela de procedencia y ni qué decir, la propia universidad, consideren que es algo valioso en sí mismo, algo destacable, que da prestigio o acaso, que es un ejemplo a seguir… ¿por quién?.
En un artículo anterior mencionamos que hoy es evidente ya la caducidad de los exámenes de admisión.  Como entonces, reafirmamos que aquel instrumento de evaluación de capacidades no corresponde a los fines que persigue una institución de educación superior del nuevo milenio, y más bien, hoy queda al desnudo que, tal y como está concebida, su única función es de servir de embudo marginador que no logra identificar, ni mucho menos, establecer coherencia entre el talento y la demanda, o entre la necesidad y la competencia, en el marco de la Realidad Nacional-Global que habitamos.
Pero volviendo a lo central ¿Cuál debería ser la preocupación de un niño de esa edad?; mientras otros niños comunes probablemente estén persiguiendo jugar, divertirse, disfrutar de la vida ¿es normal que un niño prefiera aislarse para prepararse, dizque académicamente, con el objeto de competir por ingresar a una universidad?.  Asumiendo que esa sea la aspiración autónoma (y por tanto, legítima) del chico, y que nadie haya influido para tal extraño interés, ¿es o debiera ser destacable tal pretensión?.   Se le llama “niño genio”, luego ¿es una bendición o una maldición tal calificación?, ¿qué es finalmente la genialidad?. 
No es descabellado decir que “el talento se padece”, pues no son pocos los casos en los que un niño que evidencia capacidades fuera de lo común termina siendo excluido del vínculo con sus pares.  Muchos de nosotros, si no lo hemos vivido como protagonistas, hemos podido observar como los “chancones” o los nerds de la clase eran pasto de abuso por la masa.  Tal condición muchas veces los llevaba a auto marginarse o refugiarse compulsivamente en algún quehacer salvador.  En otros casos, la manera más conveniente de “sobrellevar” la situación era formar pareja o grupo con otros iguales, con aquellos que por chancones “aplicados” o por tener una personalidad introvertida, estando juntos, podrían mitigar un poco siquiera la soledad del lacerante padecimiento social.  Hoy, como ayer, muchos de estos chicos son las víctimas naturales del tan mentado bulliying en las escuelas.  Aquellos que sobreviven, probablemente carguen consigo un sólido resentimiento hacia un conglomerado social que simplemente nunca los incorporó y consolidó en sus almas una jerarquía nefasta de valores discriminadores.  
Porque si hay algo validado por la experiencia y sin número de investigaciones psicológicas, aquí y en el mundo entero, es que, si de adultos derrochamos amor y cuidado hacia nuestros semejantes, es consecuencia indudable de que siendo niños fuimos amados con intensidad; y de igual forma, una conducta adulta desadaptada, violenta, conflictiva, cargada de obsesiones, frustración y rencores probablemente revelará el desamor que padecimos en nuestra infancia.  Y dado que de niños y adolescentes pasamos en la escuela la mayor cantidad de horas vitales (pues en el hogar moderno, lo que prima es la soledad y los compartimentos aislados) de maduro cae que el principal reto que tiene hoy la institución escolar socializante es la de construir, en los niños y jóvenes, los valores de la tolerancia y la integración, fundamentales para edificar una consistente CULTURA DE PAZ que permita repeler trasnochadas vocaciones violentistas que hoy nuevamente amenazan la formación moral de nuestros estudiantes.  
Ahora, que un niño, utilice su valioso tiempo para introducirse de cabeza a memorizar fórmulas y conceptos, podría ser bueno en la medida que también destine algo de ese tiempo a COMPARTIR, INTERACTUAR, INTERRELACIONARSE con sus pares aprendiendo a trabajar y muy especialmente a disfrutar en equipo, jugando, haciendo deporte, incluso investigando y descubriendo las maravillas del mundo.  Si este es el caso, que Saúl dé todos los exámenes que quiera, pues finalmente, igual estará aprendiendo algo, sin sacrificios ni pretensiones adultas.
Ojalá el caso de Saúl sea la excepción que confirma la regla, y aquí sus amorosos padres, equivocados, pero sin mala intención, solo han estimulado, apoyado y promovido a un niño poco común, para que haga o utilice su tiempo en hacer cosas de adultos (como es ingresar a la universidad).  Quiero pensar que aquí se trata simplemente de otros padres víctimas de los intereses convencionales que finalmente buscan capitalizar los réditos que el supuesto éxito académico de un chico traerá para sus intereses velados: la academia potenciará su negocio; el colegio tendrá más demanda; los medios noticiosos, más rating; la universidad, dizque más prestigio, etc.  En cualquier caso, es lamentable que un niño sea utilizado para objetivos velados y que la sociedad se regocije de tal situación.
Párrafo aparte es la carrera elegida: Investigación Operativa.   Está por demás demostrado que la Educación Superior del hemisferio Sur está signada por la empleocracia.   A diferencia de la educación universitaria del hemisferio Norte, donde el énfasis está puesto en le creación de conocimiento; en nuestras tierras, las instituciones formativas son eminentemente profesionalizantes y, por tanto, miden sus bondades a partir de indicadores de empleabilidad.  Esto explica por qué, en el ranking de las 200 universidades más importantes o “mejores”, no haya ninguna peruana (solo el premio Nobel de Vargas Llosa, catapultó a la Universidad de San Marcos a una mejor calificación, pero nada más).  Y esto es porque el perfil de universidad que se utiliza como patrón para tal evaluación difiere del modelo latinoamericano y mucho más del peruano.  Eso explica nuestro magro resultado.  Ahora bien, este modelo de universidad tercermundista se refleja en las carreras tradicionales e innovadoras que el sistema propone.  Luego, una carrera como “Investigación Operativa” es ciertamente novedosa pero ¿tendrá cabida en nuestra sociedad?.  Si lo que propone la UNMSM es justamente iniciar una cruzada para transformar el enfoque de la educación superior en el Perú y, sin prescindir de la empleabilidad, promover la investigación y la producción de conocimiento, habrá que unirnos a este empeño en la medida que sería un gran paso para romper la inercia del subdesarrollo; pero si esta carrera es solo un disparo al aire, una mera estrategia para atraer más postulantes (y cobrar por ello), una pretensión comercial más, sin norte, sin visión de futuro, entonces hay que denunciarlo.  Porque utilizar a un niño como Saúl, solo para vender un producto, no solo es un abuso sino una acción que revela, nuevamente, el sin sentido de una educación marginadora, escolástica y negadora de nuestra realidad.   Salvo mejor opinión.


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